Por: Ramón Sosa Pérez

Me topé con la obra Cien Años de Soledad a principios de 1980 para leerla toda porque pergeñada apenas en el bachillerato no miré sus páginas más allá del convencionalismo. García Márquez trascendió, allende la frontera caribe, con una temática que subyugó a muchos, sin proponérselo.
Cuando conocí a Ítalo Silva, hermano del legendario guerrillero Américo Silva, nuestra plática era sobre El Gabo y su novela, de la que fue el mayor coleccionista con 182 versiones editoriales incluyendo todas las traducciones publicadas. Macondo se me hizo presencia múltiple.
Mi evocación terminó por cotejar la analogía entre la historia hallada en una pastoril aldehuela del sur merideño y el fabuloso relato de García Márquez. San Antonio de Campo Elías, como se llama el villorrio de Aricagua, encarnaba el heroísmo descrito en el libro, Premio Nobel de Literatura en 1967.
En los años 70 era frecuente ver en las tardes los vistosos arreos que llegaban de Campo Elías cargados de café, rumbo a Mucutuy. Al clarear el día tomaban el camino de herradura, atestado de cascajos o anegado en lodazales hasta vencer la lejanía y poner pie en el obligado destino de todos.
En casa de Don Pedro Antonio, mi padre, había hospedaje con pernocta a los arrieros, pastaje para las bestias, tienda que abastecía el trajinar de sus diligencias, 2 zaguanes usados en el trasiego de café y hasta el botiquín con rockola para desvestir el pecho del recuerdo entre corridos y rancheras.
La relectura de Cien Años de Soledad me abrió las entendederas mientras repasaba la historia de Campo Elías. Me dediqué a internalizar el origen y trascendencia de aquel pueblo, construido a pulso de sus vecinos y con la mera intuición del sentido común para resolver sus carencias.
La fundación de La Liga Agraria en los años 60 del siglo XX, a iniciativa del Padre Vicente Alarcón y secundada por un puñado de aldeanos que llegados desde varios puntos del territorio surmerideño, fue el punto de partida para crear las bases de lo que hoy es San Antonio de Campo Elías.
Los colonos de Acequias, San Pedro, Chacantá, Mucutuy, Mucuchachí y Aricagua poseyeron las feraces tierras aledañas para potreros y labrantíos, cuya renta era casual porque solo atendía los sembrados y dehesas sin pensar en organizar un pueblo con estabilidad familiar en sus predios.
Ignacio Escalante, joven venido de El Palmar de Chacantá, contado entre los que crecían tras nuevos horizontes, sintió el llamado a poblar el espacio físico con vocación de vecinos, ayudándose unos a otros y facilitando convivencia espiritual. Caviló en la prédica y desde la Liga encaminó sus pasos.
No pasó mucho tiempo en que las reuniones de esquina los convocara a discusiones en la nueva institución. Había mucho por hacer, pero la doctrina los requería a organizarse y tomó la batuta en la sensibilización. En la casita de bahareque que hacía de capilla se congregaban cada domingo.
La tarea de catequista le permitió proyectar un apostolado de identidad. Junto a él estaban Matea de Pérez, Gonzalo Guerrero, Germán Pérez, Santos Rojas, Ramón Rojas, Lubín Plaza y Miguel Rojas, quienes suscribieron el Acta Constitutiva de la Liga Agraria el domingo 10 de julio de 1960.
Para el 7 de octubre de 1960 exigían un Dispensario y trazaban las condiciones del poblamiento. Lo primero era conseguir el terreno para alinear las casas y distribuir los servicios a todos. San Antonio de Campo Elías era modelo de organización desde La Liga que no conocía precedente en logros.
El relato de este sueño macondiano, construido desde sus necesidades, anhelos y angustias hasta su redención los ha convertido en un pueblo próspero con una dinámica comercial de crecimiento exponencial. Aun cuando ahora lo visitamos poco, no deja de sorprendernos su avance.
Hace 10 años pedimos al Concejo Municipal de Aricagua le fuera reconocido el recuerdo a Marcelo Dugarte, noble arriero de Campo Elías que por más de 20 años recorrió los fangosos caminos de herradura con recados, bastimento y enseres. Hoy la Distinción Municipal es justicia post mortem.
Regresé a San Antonio de Campo Elías y en el privilegio del Concejo Municipal al invitarme como Orador de Orden en la Sesión Especial ratifiqué la gratitud al nombre de Marcelo Dugarte en su Condecoración Municipal, hoy otorgada a 10 paisanos con labor de querencia y entrega al Pueblo de Arrieros.
Como en los años de fundación, en este 2026 hubo popular y alegre concurrencia de paisanos llegados de todo el sur merideño, ratificando que San Antonio de Campo Elías es un crisol de pueblos que se solaza en la invitación cordial y fraterna de todos para disfrutar de su llana hospitalidad.
Gracias al Presidente del Concejo, el campoeliense Martín Araque, al Alcalde Oneide Castillo, de Aricagua, a los concejales de Aricagua y San Antonio, hijos de Mucutuy y Mucuchachí, que los hubo a granel y de Chacantá en los paisanos Antonio y Antonela Contreras, animadores de los festejos de San Antonio de Campo Elías.
Ratificamos con todos nuestro Reconocimiento a un pueblo que se niega a morir porque guarda en su memoria el potencial del trabajo en unión fecunda y solidaridad
Sus necesidades los llevaron a abrirse camino con esfuerzo propio y llegar a Aricagua, a Mucutuy y al llano. Hoy día es una fortaleza comercial, cultural y social referente de lo bueno, lo grande y lo positivo .