En medio de las tragedias y las adversidades que a menudo golpean a nuestra sociedad, emergen historias de luz y entrega que reconcilian a la humanidad con sus valores más puros. Una de ellas es la de la familia Vielma Moreno, cuyos miembros han decidido cambiar la comodidad del hogar por el incansable y voluntario servicio de socorrer al prójimo.
Esta historia de profunda empatía no es una coincidencia; es un legado vivo. Daniel y Dulce Moreno son hijos de quienes en vida fueron la señora Dulce de Moreno y el Profesor Benito Moreno. Este último, recordado como un auténtico aventurero de la vida, supo sembrar en sus descendientes esa chispa de valentía y exploración, una herencia que hoy se extiende con orgullo hasta sus nietos.
Una dinastía de servicio voluntario
La historia en las filas de rescate comenzó hace años. Dulce y Daniel, siendo hermanos, se integraron al Grupo Andino de Rescate (GAR) desde muy jóvenes. Con el tiempo, la semilla del servicio creció: los hijos de Dulce decidieron seguir sus pasos y realizaron con éxito el curso de formación del GAR. Inspirado por la entrega de sus hijos y su esposa, Ray Vielma se sumó también como voluntario, convirtiendo la labor de salvamento en una misión netamente familiar.
De derecha a izquierda, los rostros de este compromiso son: Daniel Moreno, Alejandro Vielma Moreno, Dulce Moreno y Ray Vielma. Miembros de una misma sangre, unidos por el mismo uniforme.
¿Qué hace a una familia entera dejar la comodidad de su hogar para ir a socorrer a otros en los momentos más críticos?
Solo Dios lo sabe con certeza, pero quienes los conocen son testigos de un sentido de altruismo superior. Como familia, demuestran una empatía inquebrantable hacia aquellos que, en medio de la emergencia, se encuentran separados o en peligro.
Existe un gran corazón en cada uno de ellos y una vocación de hacer el bien con la que nacieron, heredada directamente de las enseñanzas y el espíritu libre de Don Benito Moreno.
A la familia Vielma y Moreno, la comunidad les extiende un agradecimiento infinito. Su ejemplo demuestra que la solidaridad también se hereda y que el mejor homenaje a los que ya no están es continuar sirviendo a los demás. (Jlsa CNP N° 23957)