Ramón Sosa Pérez
El Cóndor de Mifafí detuvo su silente vuelo en ascenso a la montaña paramera hasta toparse con La Loca Luz Caraballo, fabulosa peregrina “de Chachopo a Apartaderos”, y aferrados a la cumbre más alta donde moran las deidades ancestrales del ande, anunciar la partida a la Eternidad de Don Alexis Montilla, hombre bueno para lo grande, para lo noble y lo trascendente, sin dejar de ser honesto, franco y campechano como su lar nutricio.
Nació en Chachopo, corazón del páramo merideño, donde se vigorizó en medio de una vida estrecha, de limitaciones y precariedad, pero llena de valores, principios y amor por la tierra que le vio crecer. Se mostró siempre agradecido con lo poco que tuvo y regresar a esos orígenes y parajes maravillosos jamás le fue ajeno, porque aprendió temprano a quedarse entre los suyos para sostenerse entre sus añejos sabores y saberes.
El páramo le dio vida, motivación y sueños. Corrió tras ellos en un ritornelo de recuerdos y nostalgia hasta abrazar con pasión esa ilusión que comenzó a hilvanar desde chaval en los detalles que aprendía en cada ocasión, haciendo de la rutina una nueva oportunidad para el aprendizaje. No se amilanó ante ningún oficio, al contrario; los desempeñó como un modo elegido de imaginar su entorno, ya familiar, social o empresarial.
El joven soñador supo esperar el tiempo necesario para cristalizar sus ambiciones; esas que conjugaron la nostalgia del solar primero con la perspectiva de generar la visión empresarial de un ejemplo sustentado en el trabajo honesto, constante y paciente. Su afán inquieto lo condujo a emplearse como muchacho de mandados, obrero, mesonero, cargador de mercancía y cuantas labores lo ligaran al emprendimiento y aprendizaje.
En esa energía transcurrió su juventud y cuando las circunstancias se presentaron aprovechó para bien la experiencia. De bocas a mano devino en coleccionista de antigüedades desde esa motivación pronta por preservar sus raíces más allá de la nostalgia; extendida a la querencia nativa de sembrar su cultura andina en el tiempo, ese mismo espacio vital que le constreñía a erigir un lugar espiritual de memorias y reencuentros.
Los sueños comenzaron a materializarse y un día ya estaba el emprendedor Alexis Montilla emplazando el ladrillo inicial de un modesto restaurante que inauguró con el fastuoso nombre de Los Tejados de Chachopo. Años más tarde con el corazón henchido de emoción que no le cabía en el pecho fundó Los Aleros, un pueblecito de la ruralía andina con réplica de los recuerdos y lejanas vivencias en su infancia paramera.
Vendrían más tarde otros Parques Temáticos como La Montaña de los Sueños, calcando el tiempo venturoso de la familia venezolana que vivió la época dorada del cine, la ficción y el espectáculo sano y fraterno. Su imaginación fecunda no tenía reposo y le seguirían otros proyectos como Alexis y La Venezuela de Antier, en el ambicioso y loable propósito que el país guardara memoria y corazón en sus tradiciones, vivencias y querencias.
Mucho más pudiera decirse de este hombre portentoso en sueños realizados y orgullo de la Venezuela emprendedora y que en buena hora recibió reconocimiento a su obra meritoria. A la justeza de las instituciones, gremios y corporaciones de la región y el país, se sumó la iniciativa de la Universidad de Los Andes al otorgarle el Doctorado Honoris Causa en Innovación, lo que valida su aporte al progreso y desarrollo de Mérida y Venezuela.
Hoy cuando registramos su desaparición física, Mérida echa de menos su ausencia que nos deja en orfandad social porque hombres de su fuste y talla ya comienzan a escasear entre nosotros. Don Alexis Montilla fue empresario útil a los suyos, ciudadano ejemplar para su pueblo, visionario, creyente y perseverante. Su éxito lo coronó con amigos de todas las épocas y de todas los estratos sociales y económicos.
Buen viaje a La Eternidad, Don Alexis Montilla, trotamundos de la esperanza, hacedor de identidad, soñador y emprendedor de una sociedad que lo mereció siempre. Gracias por el privilegio de contarlo entre los merideños exitosos de todos los tiempos.