Recordando a Domingo Alberto Rangel Vega

Por: Luis Useche Díaz

12 de junio. Hasta ayer, esa fecha estaba en mi calendario personal para recordar el día de nacimiento de mi hermano, inmediatamente mayor a mí, Víctor Hugo. A partir de este momento esa fecha será, también para recordar el fallecimiento de quien fue otro hermano, no de sangre, sino de ideas, propósitos y sueños, un amigo entrañable, un compañero del camino, un pasajero del mismo autobús, más aún, bajo diversas situaciones y circunstancias, su conductor.

De Domingo Alberto Rangel Vega atesoro un inmenso baúl de recuerdos. Muchos de ellos vinculados a nuestra compartida vivencia política. Muchos relacionados a parte de mi familia y parte de la suya. Otros estrictamente personales. Todos, recuerdos gratos.

Para mi esta vinculación comenzó en 1975 cuando Héctor Alonso reclutaba a quienes serían miembros de su Dirección Juvenil Nacional. Yo era un estudiante del último año en el liceo Simón Bolívar de San Cristóbal y para la fecha, Responsable Regional de Educación Media de Acción Democrática. Ante el llamado que HAL me hiciera para ser parte del Comité Nacional de Educación Media, me enrolé y convertí a Caracas en mi nuevo lugar de residencia. Héctor Alonso (Secretario Juvenil Nacional) y Gilberto Padrón (Responsable Nacional de Educación Media) me encomendaron la tarea de fundar a nivel nacional los Frentes Regionales Estudiantiles (FRE), por lo cual constituimos el Frente Nacional Estudiantil (FRENE) que me correspondió presidir y bajo cuya convocatoria hicimos el 21 de noviembre de 1976 el gran acto de la Juventud y los estudiantes en la Plaza de Toros, Maestranza de Maracay.

Hasta acá esto es un simple relato en el que Domingo Alberto pareciera no tener espacio, pero ahora viene el detalle. Para la época yo tenía 18 años, cumplidos el 27 de junio. Hoy un muchacho a esa edad es mayor de edad. En 1975, por mandato del Código Civil Venezolano que sería reformado en 1982, un muchacho menor a los 21 años no era considerado mayor de edad. El privilegio de la mayoridad a los 18 años era reservado a las mujeres.

Tuve que trasladarme a vivir a Caracas siendo menor de edad. Doña Paula (mi madre) me dejó bajo el cuidado de Domingo Alberto, quien se convirtió en una suerte de tutor de quien estaba, a la fecha, sometido a capitis diminutio. Y desde allí nació una hermosa amistad. De los miembros de la Dirección Juvenil Nacional conformada por el Buró Juvenil y los Comités Nacionales de Educación Media y Educación Superior, yo era el más joven. Bajo la tutela de Domingo y la protección de otro gran amigo, el más viejo del Buró, el abuelo para algunos, el enano para otros, Pedro Pablo Rojas, inicié mi peregrinar por las “seccionales” de Acción Democrática.

Compartimos sueños, anhelos, experiencias y esperanzas. Fuimos compañeros de travesías a lo largo del país. En las noches de cansancio en las giras políticas, largas conversaciones matizaban el agotamiento.  Temas políticos, inevitables. Temas personales, bienvenidos. Angustias, compartidas y mitigadas. Secretos, revelados. Escrutinio del entorno, por supuesto.

Por mi mente pasan recuerdos y mas recuerdos. Quiero aferrarme a esos recuerdos, no para hacer de lado el dolor, sino para remarcar los buenos tiempos. Nuestras giras a bordo del Fairlane 500, intercambiando ambos la posición de conductor. Escapadas a Barinas a la casa de su padre y madre, Don Marcelino y Doña Lina, o a la finca familiar en Pedraza, a charlar con Denys y Clara. Fuimos camaradas en el diario trajinar, cómplices de travesuras juveniles, contertulios incansables.

Un día me invitó a una reunión en un apartamento en El Marqués con el Embajador de Cuba en Venezuela. Por esos días, Rómulo había pedido una sanción contra Héctor Alonso por haber ido a Cuba y reunirse allá con Fidel Castro y ser organizador en Venezuela del Festival Mundial de la Juventud a celebrarse en La Habana. Este episodio que casi trae como consecuencia la destitución de HAL de la Secretaría Juvenil Nacional impidió que la juventud de AD asistiera al Festival Mundial de la Juventud. El Embajador nos propuso a Domingo Alberto y a mí que fuéramos previo al evento y así lo hicimos en una “misión clandestina” en la cual no dejamos “rastro” ni siquiera en el pasaporte ya que viajamos a Panamá y desde allí a Cuba, pero en el pasaporte no quedó registro de nuestro ingreso a la Isla.

Estuvimos en Cuba y al recorrimos íntegra, sus pueblos y ciudades fueron espacios para compartir y desde el punto de vista humano fue una inolvidable experiencia. Pudimos apreciar valores de la Revolución, así como sus tragedias. Eran los años de las guerras de liberación en África, dominadas por la presencia de tropas cubanas en Angola, Zambia y Mozambique. Allí vimos las colas de jóvenes alistándose para ir a la guerra, motivados por la promesa de conseguir un apartamento al retorno. Las parejas jóvenes estaban condenadas a vivir en una habitación -si la había- en la casa que habitaban sus padres.  También vimos a los jóvenes hacer colas interminables para ver el estreno de la película estadounidense King Kong, que después de fuertes pedimentos la censura oficial había permitido incorporar a sus salas de cine.

En ese viaje a Cuba lleve mi ejemplar de cabecera del libro “Programa y doctrina de Acción Democrática”. A nuestro retorno, me pidieron lo donara a la biblioteca del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. No tenían ese libro y a cambio nos dieron dos cajas de libros entre los cuales destacaban los tres tomos de “El Capital”, escritos selectos de Lenin, ejemplares de “La Historia me absolverá” de Fidel y otros más. Allá se quedó el libro “Programa y doctrina de Acción Democrática”. Al final creo que a pesar de lo voluminoso de las cajas de libros que nos dieron, todos inspirados en el marxismo-leninismo, ellos salieron ganando.

Cuando regresó mi madre de Estados Unidos, a donde viajó a traer a su primer nieto de un hijo varón, allí estaba Domingo Alberto a mi lado, esperando en la pista, gracias a su carnet de Diputado al Congreso. Como un hermano más, me acompaño y dio seguridad y protección.

Al iniciarse la campaña interna para la elección del candidato presidencial en 1977, me invitó y lo acompañé a integrar el Comando de campaña de Jaime Lusinchi. Piñerua resultó abanderado, pero para nosotros fue una experiencia enriquecedora. Le dimos varias vueltas al país, y de esa travesía salió fortalecido para empinarse vía la candidatura a la Secretaría Juvenil Nacional.

Pasadas las elecciones que gañó Luis Herrera yo me vine a Táchira para ser el Secretario Juvenil. Domingo ganó la Secretaría Juvenil Nacional y yo tuve el privilegio de ser el único Secretario Juvenil electo para ser simultáneamente miembro del Buró Juvenil Nacional. Alterné las dos funciones con las dificultades de la distancia, pero luego nos reencontramos cuando en las elecciones que ganó Lusinchi fuimos electos diputados al Congreso 4 dirigentes juveniles nacionales: el propio Domingo Alberto, Antonio Ledezma, Luis Emilio Rondón y yo. Luego Domingo, en gesto que aprecio enormemente, me designó Sub-secretario Juvenil Nacional, cargo que dejó Antonio, al pasar a ser miembro del Comité Político Nacional. Fue para mí un altísimo honor ser la mano derecha de mi entrañable amigo, y poder seguir compartiendo con el sueños y tramos nuevos del camino.

Fue un maestro. Buena parte de mi formación política se debe a sus consejos y enseñanzas. En muchas cosas hubiera querido tener la capacidad de haber asimilado su modelo, pero mis debilidades personales no me permitieron aprender más.

Gracias a él conocí a una extraordinaria mujer, Aura Loreto, quien fue su esposa. Con ella pudimos compartir también nuestros anhelos y desvelos por el porvenir de Venezuela. 

Expulsado Carlos Andrés y buena parte de nosotros de Acción Democrática nos fuimos a fundar Apertura junto a Héctor Alonso y otros más. Esta experiencia nos llevó a la bella experiencia de seguir compartiendo nuestro destino, lleno de obstáculos y nubarrones. Después cada quien tomó su camino, pero la amistad siguió vigente, hasta siempre.   

La semana pasada Julio Carozzo, compañero del Comité Nacional de Educación Media, me informó del estado de salud de Domingo. Cuanto lamento no haber tenido tiempo para un hasta pronto amigo. Pero ahora desde la distancia le envío un abrazo a mi hermano, mi maestro y mi eterno compañero. Dios te reciba a su lado. Siempre estarás en mis recuerdos.  

San Cristóbal, 13 de junio de 2023