Por: Jorge Luis Sulbarán Algara (Periodista)
La crisis eléctrica en el estado Mérida ha dejado de ser una simple falla de servicios para convertirse en un factor de erosión económica y emocional en nuestros hogares. Mientras la narrativa oficial intenta normalizar la precariedad, la realidad que golpea a las familias y comerciantes merideños es la de un sistema que opera bajo el signo de la improvisación. Ante este escenario, se hace imperativo exhortar al Ejecutivo Regional y a las autoridades de Corpoelec a la publicación inmediata de un Cronograma de Administración de Carga (PAC) real, transparente y, sobre todo, respetado.
El principal reclamo de la ciudadanía no es solo la falta de energía, sino la incertidumbre. Un apagón imprevisto, «a destiempo» y sin previo aviso, es una sentencia de pérdida patrimonial. En los hogares, la cuenta de electrodomésticos quemados —neveras, televisores y aires acondicionados— aumenta sin que exista un mecanismo de indemnización por parte del Estado. Para una familia venezolana, reponer un equipo básico hoy representa un sacrificio financiero inalcanzable.
Por otro lado, el motor económico del estado, compuesto por pequeños y medianos comerciantes, vive un calvario diario. La falta de planificación impide que un carnicero proteja su cadena de frío, que un panadero organice sus ciclos de producción o que un prestador de servicios digitales cumpla con sus entregas. La ausencia de un cronograma genera pérdidas constantes que, a la larga, se traducen en cierres de locales y mayor desempleo en la región andina.
Gobernar es planificar, por lo tanto, exigir un cronograma no es un acto de confrontación, es un derecho ciudadano contemplado en el acceso a la información pública. Saber a qué hora se interrumpirá el servicio permite: Proteger equipos y organizar las tareas del hogar, evitar que ciudadanos queden atrapados en ascensores o sistemas de salud sin respaldo inmediato y ajustar horarios de trabajo para minimizar el impacto en las ventas y la producción.
Señor Gobernador Arnaldo Sánchez, la paciencia del merideño tiene un límite que se mide en horas de oscuridad y en el esfuerzo perdido de quienes intentan levantar este estado. La publicación de un cronograma no solucionará la crisis estructural de generación, pero al menos devolverá al ciudadano la capacidad de gestionar su vida en medio de la crisis. Mérida merece claridad, no solo en sus cielos, sino en la gestión de sus servicios públicos. Usted tiene la palabra.,