Por: Jorge Luis Sulbarán Algara (Periodista / Maestro)
En la política, como en el periodismo, la memoria es un ejercicio de resistencia. Recientemente, hemos visto al dirigente Antonio Ecarri en las redes sociales elevar el tono contra el Ministerio de Educación, denunciando con vehemencia lo que todos los venezolanos ya sabemos: que los maestros somos los profesionales peor pagados del país y que el sistema educativo se ha convertido en una «fábrica de pobreza». Sin embargo, tras estas declaraciones surge una pregunta inevitable: ¿desde cuándo le preocupa esto a quien ha caminado de la mano con las dinámicas de la cohabitación política con el gobierno de turno?
Es fácil señalar al ministro de turno cuando las encuestas o el clima político exigen un distanciamiento. Ecarri afirma que «el primero que no cumple con su trabajo es el ministro», pero olvida mencionar su propio papel en la validación de un ecosistema político que permitió, paso a paso, el desmantelamiento de la educación pública.
El mensaje de Ecarri, aunque técnicamente cierto en sus datos sobre el hambre en las escuelas y los salarios de miseria, suena hueco cuando proviene de una figura que ha sido señalada reiteradamente por su cercanía táctica con el oficialismo en momentos clave. Pretender «lavarse las manos» con un video viral no borra los años de silencio o de colaboración velada que han permitido que la crisis llegue a este punto de no retorno.
¿Indignación o estrategia? No se puede ser cómplice de la estructura y, al mismo tiempo, pretender ser el abanderado de la rebelión docente, usted no me representa ni en lo político ni en lo educativo.
Utilizar como escudo político la tragedia del magisterio venezolano para posicionarse políticamente es, cuanto menos, un ejercicio de oportunismo que el ciudadano de a pie detecta a kilómetros y los maestros menos olvidan.
Si bien es cierto que el Ministerio de Educación con todos los ministros que han pasado por esa cartera en los últimos 27 años, ha fallado en su misión fundamental, la crisis educativa no es un accidente fortuito; es el resultado de un modelo que Ecarri, desde su posición de «oposición medida», no ha confrontado con la contundencia que hoy finge tener. Venezuela no sale del subdesarrollo, como él dice, pero tampoco saldrá de él de la mano de liderazgos que cambian de piel según sople el viento.
La educación venezolana necesita soluciones, no redenciones mediáticas de última hora. Los maestros merecen respeto, no ser el guion de un político que busca limpiar su historial con la misma facilidad con la que se edita un video para redes sociales.
Maestro usted tiene la palabra.